GDR asturianos y representantes vascos visitan Galicia para impulsar una alianza interregional por la Nueva Economía de la Aldea del Siglo XXI
Durante tres intensas jornadas, una delegación compuesta por miembros de los Grupos de Desarrollo Rural de Asturias (Grupos de Desarrollo Rural de Oriente de Asturias, Comarca de la Sidra y Alto Narcea Muniellos), conjuntamente con La asociación de Desarrollo Rural de Tolosaldea, se desplazaron a Galicia para visitar a los GDR de Galicia: Costa Da Morte y Monteval, para conjuntamente recorrer diversos puntos estratégicos del de la Zona de Costa da Morte y Monterrei, como parte de la acción «Nueva Economía de la Aldea del Siglo XXI». La visita tuvo como objetivo fortalecer la cooperación interregional y conocer de primera mano proyectos locales inspiradores en materia de sostenibilidad, innovación rural y transformación económica.
Una ruta con visión de futuro
Durante este encuentro comenzamos visitamos O Couto, en Costa da Morte, donde desde la Fundación Eduardo Pondal, conocimos de primera mano iniciativas inspiradoras como Festiletras, un proyecto cultural que dinamiza la aldea a través de la lengua, la cultura y la participación comunitaria; O Couto Florido, una proyecto vecinal que pone en valor el paisaje y el cuidado colectivo del entorno; las aulas científicas, que acercan el conocimiento y la innovación al medio rural; así como la Casa do Maior, impulsada una cooperativa de mujeres del propio territorio que han transformado antiguos espacios comunitarios en servicios de proximidad para las personas mayores, generando empleo local, cuidados cercanos y nuevas oportunidades para fijar población en las aldeas.
Además, contamos con la reflexión de Jaime Izquierdo, quien puso en valor el papel de la aldea como espacio de futuro, construida desde tres pilares fundamentales: dignidad, comunidad y funcionalidad. La aldea del siglo XXI debe volver a ser funcional. Es decir,
un lugar donde vivir, trabajar y generar economía, recuperando su papel activo en la gestión del territorio, la producción local y la vida en comunidad.
En los siguientes días fuimos de visitas a las aldeas de Galicia dentro del proyecto de cooperación Nueva Economía de la Aldea del Siglo XXI, un encuentro para conocer iniciativas que están repensando el futuro del medio rural desde la innovación, la
comunidad y la gestión del territorio, con la participación de los GDR de Galicia,
Asturias y País Vasco, socios del proyecto.
Visitamos Aldealix, un proyecto de caldera de biomasa comunitaria que aprovecha residuos forestales para generar energía local en 34 viviendas organizadas en cooperativa, impulsando autosuficiencia y gestión del territorio.
Conocimos también PaisActivo, iniciativa Galicia–Portugal que trabaja en la recuperación del paisaje, la prevención de incendios y la creación de redes entre aldeas, entendiendo el abandono rural como el origen del problema del territorio.
La jornada contó con la reflexión de Jaime Izquierdo sobre la necesidad de unir conocimiento tradicional, ciencia e innovación para construir una nueva economía rural basada en la gestión activa del territorio.
Por la tarde visitamos el Castillo de Monterrei y la Bodega D.O. Monterrei, poniendo en valor el patrimonio y el potencial vitivinícola del territorio.
Finalmente regresamos a nuestro lugar de origen con ideas, aprendizajes y la motivación de seguir trabajando por aldeas vivas y con futuro.
Los territorios rurales gestionados por los GDR Monteval y Costa da Morte presentan desafíos y oportunidades que requieren intervenciones diferenciadas, alineadas con sus realidades productivas, demográficas y ambientales. Las estrategias de desarrollo local participativo de ambos grupos reflejan un diagnóstico claro de las necesidades específicas, que fundamentan las líneas de actuación para el período 2023–2027.
En el caso de Monteval, que abarca un territorio del interior de Ourense con fuerte vocación agraria, una de las principales necesidades identificadas es la valorización y dinamización de los sectores productivos tradicionales, especialmente en el ámbito vitivinícola, forestal y ganadero. Se observa un alto potencial en productos de calidad diferenciada, pero con limitaciones estructurales en transformación, comercialización y asociacionismo. En paralelo, se requiere avanzar en la ordenación del territorio agrario, promoviendo la movilización de tierras abandonadas y mejorando la infraestructura rural.
Otro reto destacado es el despoblamiento progresivo, con especial afectación en mujeres y juventud, lo que exige medidas concretas para garantizar el relevo generacional, el acceso a la vivienda en el rural, y la creación de empleo cualificado. Asimismo, Monteval
ha identificado la necesidad de fortalecer los servicios sociales de proximidad, la digitalización de actividades económicas y la creación de redes de cooperación territorial.
Por su parte, el GDR Costa da Morte, que abarca un territorio de fuerte identidad marítima y forestal, detecta como prioritario avanzar hacia un modelo productivo responsable y equilibrado, que combine tradición y modernidad en la gestión del territorio. Entre sus principales necesidades figuran la transformación agroalimentaria y forestal, la diversificación económica y la dinamización del emprendimiento local, todo ello desde una lógica de economía circular, sostenibilidad ambiental y cohesión social.
Este GDR también subraya la necesidad de promover un modelo de turismo sostenible y de identidad, vinculado al territorio, al patrimonio natural y cultural, y compatible con los valores locales. La escasa articulación entre sectores, la fragilidad de las cadenas de valor, y la falta de masa crítica emprendedora se reconocen como debilidades estructurales. Para ello, se plantea reforzar la formación, el liderazgo juvenil y el papel de las mujeres como agentes clave del desarrollo rural.
Además, Costa da Morte identifica como estratégica la mejora de la gobernanza territorial y la cooperación interterritorial, fomentando la participación activa de los actores locales y el trabajo en red entre GDR. También se contempla la necesidad de reducir el consumo de materiales contaminantes, impulsar energías renovables y valorizar residuos agroforestales como parte de una transición ecológica justa.
En conjunto, tanto Monteval como Costa da Morte reflejan la urgencia de políticas integradas que combinen la activación económica, la cohesión social y la sostenibilidad territorial, desde una lógica de proximidad, innovación inclusiva y resiliencia comunitaria.
«Nueva Economía de la Aldea del Siglo XXI»
Durante los encuentros y las área de trabajo, Jaime Izquierdo hablo de que la aldea es la primera estructura urbana de la humanidad y su primer experimento de residencia comunitaria permanente —muy anterior a la ciudad a la que contribuyó posteriormente en su fundación— diseñada y emplazada estratégicamente en el territorio con una única función esencial e irrenunciable: gestionar eficientemente los recursos naturales del entorno y los procesos agroecológicos locales mediante el aprovechamiento sostenible y cíclico de las rentas naturales y la conservación permanente del capital natural.
La aldea (ahora extinguida o disfuncional) era una consumada experta en el manejo de la economía circular, la biotecnología, las energías renovables, la sostenibilidad ambiental, el desarrollo comunitario, el cuidado de la vida, el manejo de los ciclos del
carbono en circuito cerrado, la producción y conservación de paisajes, la producción de biodiversidad, el reciclaje, la fertilización orgánica, el manejo de sistemas complejos, etc., etc. Todos esos conceptos a los que aspira la actual y moderna sociedad urbano industrial ya estaban resueltos en la aldea preindustrial.
En conclusión, la aldea era una estructura urbana inteligente que primero creó la naturaleza doméstica y después acreditó suficiente capacidad para aumentar y conservar la biodiversidad y preservar el paisaje.
Áreas de trabajo
El esquema sobre el que se desarrolla el planteamiento de la NEA y, por tanto, las áreas de trabajo de este proyecto de cooperación, es el siguiente:

Las áreas generales de trabajo son:
1. El SISTEMA AGROECOLÓGICO LOCAL (SAL), sin cuya activación la aldea no es tal sino una mera urbanización. La puesta en marcha del SAL sirve para producir alimentos, custodiar el buen funcionamiento del agroecosistema y dar estabilidad al paisaje. Y es imprescindible para la economía de la aldea, aunque insuficiente si no se complementa con la activación del SEL y el SILE.
2. El SISTEMA ENERGÉTICO LOCAL (SEL), basado en las energías renovables locales y cuya activación tiene como objetivo abaratar costes energéticos, disminuir la dependencia energética a la vez que sitúa a la aldea en la vanguardia de las nuevas oportunidades energéticas y la reducción del impacto ambiental en términos climáticos. El SEL se activa a través de la creación de comunidades
energéticas.
3. El SISTEMA LOCAL DE EMPRESAS (SILE) diversificado y complementario movido por emprendedores locales, o bien nuevos residentes —teletrabajadores, nómadas digitales, artistas, empresas culturales, artesanos, pequeños empresarios
de turismo y hostelería, pequeños industriales,…— que trabajan desde la aldea y pueden estar conectados con el resto del mundo.
4. COMUNIDAD INTERGENERACIONAL (CI). La idea de fondo es que la aldea sea un lugar en el que sea viable y satisfactorio completar el ciclo vital completo. En el pasado, y antes de la ruptura provocada por la Revolución Industrial y la preferencia por la vida urbana y la industria, la comunidad y la familia atendían a los miembros de la aldea en todas las fases de la vida y cada uno de los vecinos
desarrollaba una función, y recibía unos cuidados, a tenor de su edad.
No se trata de reproducir aquella forma de convivencia vital en un entorno cerrado pero sí de inspirarse en él para diseñar un espacio de convivencia y seguridad en el que satisfacer las necesidades humanas, en cualquiera de las fases de la vida, en una aldea abierta al mundo y por ende cosmopolita. Desde el punto de vista social, es deseable y posible que con la rehabilitación económica en la aldea se vaya conformando también una nueva comunidad intergeneracional contemporánea.
5. Nuevas Tecnologías. Las nuevas tecnologías que han llegado recientemente a la aldea tienen un claro carácter instrumental y se convierten en un activo necesario, pero no suficiente, para activar la aldea del porvenir pues sigue siendo la cultura local el primer referente para singularizar e identificar a la aldea en el mundo. No obstante las nuevas tecnologías permiten la comunicación universal de la aldea, abren nuevos mercados, facilitan la vida, disminuyen la penosidad y contribuyen a facilitar el trabajo creando nuevas oportunidades y visiones en la aldea.
6. Cultura del Territorio y conocimiento local que constituye el elemento esencial de la aldea para marcar su identidad territorial y la singularidad que la hace única. La cultura local abarca un amplísimo campo de intervención que va desde la producción agroalimentaria, los procesos productivos, el folclore o la literatura. La cultura local debe evolucionar sin perder su esencia y complementarse con las nuevas culturas que se asientan en la aldea con la llegada de nuevos pobladores y nuevas influencias.
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